Arvo Pärt
Ficha:
Compositor estonio
1935 – vivo (2021)
Obras:
- 4 Sinfonías
- Cantus in memoriam Benjamin Britten, para orquesta de cuerdas
- Tabula Rasa, doble concierto para dos violines
- Misa Berlin
- Te Deum para coro, orquesta de cuerda
- Stabat Mater para tres voces y trío de cuerda
- Magnificat para coro
- Miserere para solistas, coro, conjunto y órgano
- Salve Regina para coro y órgano
- Para Alina
- Lamento de Adán
- Espejo en el espejo
VIDEOS
BIOGRAFÍA
Nació en 1935 en Paide, Estonia, sólo cuatro años antes de que el estado pasase a formar parte de la URSS. Estudió piano, flauta, oboe y percusión antes de cumplir los veinte años, edad en la que realizó sus primeros intentos compositivos.
En 1954 inició su formación superior en composición, en el conservatorio de Tallin, que tuvo que interrumpir por el servicio militar obligatorio. Se graduó en 1963, con una madurez formal reflejada en su Sinfonía No. 1 (1963), mientras trabajaba como ingeniero de sonido en la radio estatal. Algunas de las piezas que compuso durante sus años de estudiante aún permanecen en su catálogo oficial, incluidas piezas orquestales como Nekrolog (1960) o Perpetuum mobile (1963): “un buen número de extraordinarios trabajos”, resultado de su “profunda exploración del vocabulario modernista”, en palabras del presidente del jurado, Paul Hillier, director artístico de Theatre of Voices (Dinamarca).
Pärt se sumió en un retorno a los orígenes mediante el estudio de la música vocal cristiana, el canto gregoriano, la escuela de Nôtre Dame y la polifonía renacentista. En esos años ocurren dos acontecimientos personales de gran significado en su vida: su matrimonio con Nora, su compañera inseparable desde entonces, y su ingreso oficial en la Iglesia Ortodoxa.
A finales de la década de los sesenta, su música destaca por una utilización muy personal de la técnica del collage, aunque más oscura y dramática, unida a una gran influencia de la tradición barroca, en composiciones que reflejan una lucha interior entre dos mundos contrapuestos. La máxima expresión de este diálogo interior es Credo (1968), que supuso un punto de inflexión en su obra y en su vida.
El estreno de Credo fue un auténtico acontecimiento para el público asistente, que ovacionó la pieza hasta conseguir que se interpretase íntegramente una vez más. El estado soviético consideró peligrosos la obra y su creador por su espíritu innovador y por hacerse eco de una visión espiritual y sensible capaz de resonar con la audiencia.