Período musical
Neoclasicismo
SIGLO XX
Neoclasicismo
Fue una tendencia musical del siglo XX iniciada en el período de entreguerras, después de 1918, en el que se busca volver a los preceptos estéticos asociados con el periodo clásico del siglo XVIII, a saber: orden, equilibrio, claridad, simetría, economía y moderación emocional y surge como una reacción contra el emocionalismo desenfrenado del romanticismo tardío, así también como una reacción frente a la vanguardia experimental de las dos primeras décadas del siglo XX. El impulso neoclásico mostró características musicales tales como nitidez en el contrapunto, textura homofónica sofisticada, armonía tonal modernizada y énfasis en la música absoluta en contraposición a la música de programa romántica. También se caracteriza por el uso de formatos instrumentales reducidos, debido al contexto económico y social de la post-guerra. La Historia del Soldado de Stravinski es un ejemplo de ello.
Aunque la inspiración del neoclasicismo se enfocó en la música del siglo XVIII, también abarcó periodos anteriores como el Barroco e incluso música del Renacimiento, como el caso de Ottorino Respighi con su Suite N ° 1 de Danzas y Aires Antiguos, influida por la música de Claudio Meonteverdi.
La Sinfonía N° 1 de Serguéi Prokofiev (1917) se considera precursora del neoclasicismo. Richard Strauss también introdujo elementos neoclásicos en su música, sobre todo en su suite orquestal El Burgués Gentilhombre Op. 60, escrita en una versión temprana en 1911 y su versión final en 1917.
El término está especialmente asociado con las obras que Stravinsky escribió entre principios de la década de 1920 y principios de la década de 1950: Pulcinella de 1920, basada en piezas atribuidas a Pergolesi. Ejemplos posteriores son el Octeto para vientos, la Sinfonía de los Salmos, así como la ópera-oratorio Edipo Rey y los ballets Apolo y Orfeo. La obra cumbre del neoclasicismo de Stravinsky es su Ballet El Beso del Hada.
Muchos compositores que trabajaron o visitaron París entre las guerras, incluyendo a Poulenc, Prokofiev, Milhaud, Honegger, Martinů, Szymanowski y Copland sintieron la influencia de las partituras neoclásicas de Stravinsky.
El neoclasicismo en Austria y Alemania tendió a ser menos enérgico y despreocupado pues, entre otras cosas, la tradición musical central no podía subvertirse u olvidarse tan fácilmente. El principal compositor neoclasicista del mundo austro-germano fue Hindemith, cuyos conciertos y obras de cámaras de la década de 1920 en particular, están llenas de formas y texturas bachianas, a menudo llevadas a cabo con resonante vigor.
Al igual que Stravinsky y otros contemporáneos, Hindemith transitó de los modelos del siglo XVIII a los del siglo XIX a finales de las décadas de 1920-1930, y del neoclasicismo a lo que ha sido llamado a veces “neorromanticismo”, tendencia que en algunos países pudo hacerse por razones de necesidad política o idealismo social: en la URSS cierto tipo de neorromanticismo se volvió la norma de música aprobada por el Estado, mientras que compositores como Copland en EEUU tomaron prácticamente la misma ruta con el deseo de democratizar la música y llegar al público más amplio posible.
Schönberg, a pesar de su desaprobación del neoclasicismo, reinstauró en sus propias obras de las décadas de 1920-1930 elementos clásicos de la forma, del desarrollo temático y de la métrica, y ocasionalmente hizo arreglos de piezas barrocas. Una de dichas obras –su Concierto para violonchelo, basado en M. G. Monn– es pariente cercana de Pulcinella de Stravinski y está presente también el elemento neoclásico en la música escrita después de 1920 por sus alumnos Berg y Webern.
La música de Webern muestra una clara influencia de Bach en sus formas y en su persistente contrapunto: su
Cuarteto de cuerdas (1936-1938), por ejemplo, es fundamentalmente canónico e incluye el motivo B-A-C-H,
mientras que sus dos cantatas tardías se parecen a las de Bach en sus encadenamientos de arias y coros. No obstante, su música evita cualquier recaída en la armonía tonal y, quizá por lo mismo, toda ironía abierta.
De manera similar a como se da en las obras de Bartók del mismo periodo, como su Música para cuerdas, percusiones y celesta (1936), las características bachianas están completamente absorbidas, de modo que “neoclásico” parece ser un término menos apropiado para la música que simplemente “clásico”.
Teniendo en cuenta que los problemas económicos favorecían a los grupos más pequeños, la búsqueda de hacer «más con menos» en consecuencia se convirtió en una práctica obligatoria. La historia del soldado de Stravinski es por esta razón una semilla de pieza neoclásica.
Igor Stravinsky (1882 - 1971) La Historia del Soldado, para Orquesta de Cámara y Narrador
Ottorino Respighi (1879 - 1936)
Serguéi Prokofiev (1891 - 1953) Sinfonía N° 1 Clásica
Richard Strauss (1864 - 1949) El Burgués Gentilhombre op. 60, Suite Orquestal
Igor Stravinsky (1882 - 1971)
Ballet Pulcinella, 1920
Octeto para Instrumentos de Viento
Ballet El Beso del Hada, 1928
Otros compositores
Francis Poulenc (1899 - 1963) Sonata para Flauta y Piano
Francis Poulenc, Sinfonietta
Bohuslav Martinů (1890 - 1959) Sinfonía N° 1
Aaron Copland (1900 - 1990) Concierto para Clarinete y Orquesta
Arthur Honegger (1892 - 1955) Sinfonía N° 2
Paul Hindemith (1895 - 1963) Música de Cámara op. 24 Nr. 1
Paul Hindemith (1895 - 1963) Sinfonía Mathis der Maler, Matías el Pintor, 1934
Aaron Copland (1900 - 1990) El Salón México para Orquesta
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