Período musical

Sistema Tonal

SIGLO XX

Qué es el Sistema Tonal

El sistema tonal, expresado a través de las escalas musicales, determina una jerarquía entre las notas que conforman una escala, dando origen a lo que llamamos Centro Tonal, nota principal y centro gravitacional del discurso musical. Este Centro Tonal produce la sensación de reposo o resolución y cualquier nota diferente a ella, produce, al contrario, la sensación de tensión que demanda una resolución. En esta interacción entre tensión y resolución, producida por esta jerarquía entre las notas, se basa la direccionalidad de la música occidental europea, es decir, el auditor tiene la sensación de que el discurso musical avanza en una dirección.

Cómo se origina la jerarquía tonal: Las escalas se construyen a partir de una elección de un cierto número de notas de las 12 notas disponibles. Esta construcción obedece a la forma en que se suceden los tonos y semitonos dentro de una escala. Definido de otra manera: en las escalas las notas están separadas por intervalos desiguales. La distribución de estos intervalos, en tonos y semitonos, caracteriza a cada escala y da origen a una jerarquía entre las notas de la escala. Existen cientos de escalas que han sido utilizadas por diversas culturas en la historia de la humanidad, la gran mayoría de ellas jerárquicas, y en la evolución de la música europea occidental, en distintos períodos, se han usado diferentes tipos de escalas para la construcción del discurso musical en cada época. 

El canto gregoriano utilizó los modos (escalas) griegos como base para sus líneas melódicas, por eso también se llaman modos gregorianos, los que estuvieron en uso durante la Edad Media y el Renacimiento. Los modos heredados de la tradición griega son 7: jónico, dórico, frigio, lidio, mixolidio, eólico y locrio. Este sistema basado en los modos griegos se llama Sistema Modal. A partir del período Barroco (siglo XVII) se restringió al uso de sólo 2 de estos modos: el modo jónico (escala mayor o diatónica) y el modo eólico (escala menor y sus variantes), lo cual da origen al Sistema Diatónico que sirve de base para la construcción del lenguaje musical durante el Período Barroco, Periodo Clásico y Periodo Romántico. Dentro del sistema diatónico surge la ciencia de la Armonía que refuerza aún más este sentido de direccionalidad de la música occidental europea durante el Romanticismo.

Hacia los límites del Sistema Tonal: Wagner y Debussy

Durante la segunda mitad del siglo XIX comienza una exploración de los límites del Sistema Tonal, un camino que tiene en Richard Wagner y Claude Debussy a dos exponentes considerados clave como antecedente para la ruptura que la Tonalidad sufrirá a principios del siglo XX en manos de Schönberg. 

Franz Liszt, con sus búsquedas cromáticas y el uso de la ambigüedad tonal, también surge como un referente e influencia importante junto a la figura de Wagner. Asimismo, Erik Satie, un compositor muchas veces subestimado —y otras tantas sobrevalorado—, resulta fundamental para los nuevos caminos que recorrió Debussy, cultivando en sus primeras obras, escritas en la década de 1890, una suerte de medievalismo imaginario que, terminó convirtiéndose en una de las llaves que abrió las puertas a Debussy.

El uso de modos antiguos, la recurrencia a modelos de escalas previos a la consolidación de la tonalidad funcional, fue una de las salidas a la sensación de agotamiento de los modelos retóricos usados durante el Romanticismo. El recurrir a escalas inusuales en la música occidental desde hacía mucho tiempo, incluyendo los orientalismos, los nacionalismos eslavos o de los múltiples exotismos con los que los franceses se hechizaron, por ejemplo con el Gamelán de Java que se presentó en la Exposición Universal de París de 1889, permitió crear usos novedosos de la tonalidad y escapar a los ejes desgastados de los recursos de la tonalidad funcional. Ese eje se desplazaría al timbre, al color y, en ocasiones, al ritmo.

Lo que hace Debussy es cambiar el eje a partir del cual se organiza el discurso sonoro. La direccionalidad, para él, ya no depende de las relaciones de los acordes (armonía funcional) y temáticas sino de matices expresivos, del timbre y de las inflexiones rítmicas. Los acordes pasan a tener —igual que en el jazz posterior a 1940, uno de sus grandes herederos— más una función colorística que armónica. 

Richard Wagner, en la ópera Tristán e Isolda, lleva hasta sus últimas consecuencias las viejas leyes de la direccionalidad tonal. En esta obra la dilación de las resoluciones es casi permanente y los acordes pueden llegar a tener una carga de ambigüedad tal que resquebraja el sentido de tonalidad. La sensación, para sus contemporáneos y herederos inmediatos, fue que quedaba poco por hacer dentro del sistema tonal y que la polaridad expectativa-satisfacción o tensión-reposo que se había desarrollado alrededor de la modulación armónica del Clasicismo y Romanticismo, como eje de desarrollo de la música occidental europea, había llegado a su límite.

Luego, a principios del siglo XX, Arnold Schönberg llevó el cromatismo wagneriano y el desarrollo armónico de Debussy hasta el punto de desintegrar efectivamente el sistema tonal y, luego, fue capaz de crear un sistema nuevo, basado en reglas totalmente distintas de las que habían regido la creación musical durante siglos.

 

Erik Satie (1866 - 1925) Gnossiennes 1-6

Gamelán de Indonesia

Claude Debussy (1862 - 1918) Para el Piano, suite

Richard Wagner (1813 - 1883) Preludio de Amor y Muerte de la ópera Tristán e Isolda

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